Antes de empezar

Busca un rincón tranquilo, silencia las notificaciones y siéntate o túmbate cómodo. Pon el cuenco sobre un cojín o en la palma de la mano. Diez minutos bastan; lo importante es hacerlo a menudo, no durante mucho tiempo.

Minutos 1–2: llegar

Cierra los ojos y haz cinco respiraciones lentas, con la exhalación un poco más larga que la inhalación. Nota dónde hay tensión en el cuerpo y deja que se afloje.

Minutos 3–5: tocar y escuchar

Golpea con suavidad el lateral del cuenco. Sigue el sonido con la atención hasta que desaparezca del todo y vuelve a tocar. Cada vez que la mente se vaya, el siguiente golpe la trae de vuelta.

Minutos 6–8: deja que cante

Recorre despacio el borde exterior con la baqueta, con una presión ligera y constante. El tono crece hasta convertirse en un zumbido continuo. Respira a su ritmo. Si el cuenco vibra de forma metálica, ve más despacio y presiona menos.

Minutos 9–10: silencio

Deja de tocar y quédate en el silencio. Esta parte es tan importante como el sonido: es cuando el cuerpo nota lo tranquilo que está. Abre los ojos poco a poco.

Qué cuenco funciona mejor

Un cuenco mediano es el más fácil para esta rutina: tono cálido, sustain largo y cómodo sobre la palma. Uno grande da una vibración más profunda y física si quieres sentirla en el cuerpo. Puedes escuchar cada cuenco de nuestra colección antes de elegir.